
{"id":2482,"date":"2024-07-05T02:40:43","date_gmt":"2024-07-05T02:40:43","guid":{"rendered":"https:\/\/letraweb.org\/?p=2482"},"modified":"2024-07-05T02:40:45","modified_gmt":"2024-07-05T02:40:45","slug":"campesinos-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/letraweb.org\/en\/campesinos-2\/","title":{"rendered":"CAMPESINOS"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\">Relato 5to. Finalista VI Certamen Internacional de&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Relato Breve \u201cLa Lectora Impaciente\u201d, (Gand\u00eda, Espa\u00f1a) 2009<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hab\u00edan llegado cuando el sol, echado sobre los largos surcos, hac\u00eda arder la tierra. Corr\u00edan como locos, persigui\u00e9ndose, estallando en sonoras carcajadas; parec\u00edan bisagras reci\u00e9n engrasadas cerr\u00e1ndose sobre s\u00ed mismos, como si la risa hiciera saltar alg\u00fan resorte oculto que doblara el cuerpo en dos hasta dejar la cabeza a la altura de los tobillos. Ten\u00edan ojos grandes y h\u00famedos, de esos donde sobra lugar para cargar la inmensidad sin que duela la vista; pupilas improvisadas, con pocas sumas de ayer, algo de hoy y mucho de futuro. La brisa que corr\u00eda, suficiente para alborotar el polvo seco y rojizo de la tierra, no lograba, al parecer, apagar el calor de sus cuerpos; tal vez por eso, sudorosos y sedientos, se dejaron caer en la gran zanja alimentada por la vieja turbina. All\u00ed chapotearon un buen rato, mientras, a lo lejos, cerca del mangal resguardado por las cercas de p\u00faas, el guajiro dejaba el tractor y cargaba los aperos de la jornada hacia la caseta de palos entretejidos y techo de guano. A esas alturas de septiembre, casi todo el campo hab\u00eda sido desyerbado, solo por algunos trechos se alzaban hierbas duras y vegetaciones ajenas al cultivo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Era en esas horas cuando dejaban de ser ella y \u00e9l para volverse ellos. Contenidos en aquella suerte de poceta, forcejeaban, manoteaban, escup\u00edan y hasta buceaban en el agua turbia, percudida de naturaleza, sin otra preocupaci\u00f3n que existir-existirse y gritar, asombrados, como si sus voces fueran un privilegio que les dispensara alg\u00fan demiurgo por primera vez. Lo mojado ennoblec\u00eda los callos de sus manos, los cueros curtidos y oscurec\u00eda las pecas de la espalda que \u00e9l besaba y mord\u00eda. Por momentos, parec\u00eda urgirles una necesidad salvaje de olisquearse, lo que los volv\u00eda un poco serios, quiz\u00e1s menos ariscos; pero luego, al descubrir sus nuevas caras, sus bocas entreabiertas, sus cuerpos insurrectos, volv\u00edan a chapotear con una furia casi indecente. Era tambi\u00e9n en esas horas, cuando aparentaban la verdadera edad: parec\u00edan seres de plata, casi negros de su reacci\u00f3n habitual con la intemperie; pero luego, estando juntos, alguna especie de qu\u00edmica los volv\u00eda a su estado primigenio, como si los frotara desde adentro brill\u00e1ndolos hermosamente. Lejos del patronazgo del fog\u00f3n, de los aperos de labranza, de las responsabilidades heredadas, padec\u00edan de esa libertad casi enfermiza. Era el momento del desquite, de gozar el entorno que les era negado cuando hac\u00edan las labores, v\u00edctimas de la subsistencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora corr\u00edan pr\u00e1cticamente desnudos en direcci\u00f3n al mangal. Ella, sin el desgre\u00f1e propio de su diurnalidad, peinada por el agua y atemperada de tierra; delatada por el lienzo de una blusa que, sucumbida ante la humedad, entreveraba la luz de sus pezones con el mal estampado de aquellas flores silvestres. Pleno de disfrute, \u00e9l se dejaba llevar, rendido ante el goce de la carne indefensa, servil a su apetencia r\u00fastica; pero, al fin y al cabo, apetencia. Jadeantes, con los pelos pegados en la piel, aterrizaron en una sombra igual de agreste. All\u00ed se acostaron de espaldas sobre las hojas secas, uno al lado del otro, con los brazos abiertos y las miradas perdidas, jugando a encontrar alg\u00fan azul entre las ramas altas y sometidas por los frutos. Era f\u00e1cil saciar las apetencias, bastaba con servirse de los mangos desperdigados por el suelo. A golpe de dientes arrancaban las c\u00e1scaras, las chupaban, ro\u00edan; y luego, con grosero entusiasmo, com\u00edan la drupa carnosa que les chorreaba amarillo y les dejaba hilachas entre dientes. Ebrios de yodo, crecidos, se lam\u00edan resueltos; parec\u00edan gatos freg\u00e1ndose el pelaje, como si de repente solo importara estar l\u00edmpidos.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed se fueron arrullando hasta quedar enroscados uno sobre el otro. Las manazas de \u00e9l, espoleadas por el blando olor a hembra, atizaban el sexo abierto y h\u00famedo de la campesina que no ofrec\u00eda resistencia; se dejaba hacer, presa de una emoci\u00f3n excepcional, palpitante y arqueada sobre sus caderas. Ninguna sombra era suficiente para agasajar el sofoco ahogado de la tierra, que los hac\u00eda revolverse en busca de un palmo de frescor; acaso, sobre el revoltijo de hojarasca que ella, inconsciente, arrollaba con su pelo en cada nueva sacudida. Iluminados de contemplaci\u00f3n, entre un murmullo de fronda, roncos jadeos y sonidos guturales, las u\u00f1as de ella \u2014descarnadas de partear los campos\u2014, resbalaban por la espalda de \u00e9l con la misma disposici\u00f3n que la lengua reptante se hund\u00eda en sus centros y acariciaba sus bordes de isla invicta. Septiembre se desdoblaba del otro lado del hallazgo. Atr\u00e1s, las parihuelas con el tabaco al lomo, los estragos de la calderer\u00eda, las yuntas de bueyes, los normadores y los carreteros avasallados de cultivos. Atr\u00e1s el atr\u00e1s que nac\u00eda un ahora, llovido de un sudor agrio y espeso, que podr\u00eda aparentar cualquier sudor com\u00fan, sino fuera porque era el sudor de tenerse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Emperezados por la entrega, quedaron quietos, desnudos, abandonados a un silencio que parec\u00eda resudar palabras, como si enalteciera el temple irremediable de la complacencia. Ahora el campo era otra cosa, transcurr\u00eda sin tiempo, detenido en la verdecida de sus quebradas y yugos; noblemente derramado en su perfil de vastedad; resabioso como llama de fragua; viajado por brisas olorosas de resinas, talabarteros y esti\u00e9rcol. Objeto de nuevas atenciones, se dispensaban mimos, sonrisas; intentos de palabras nuevas, algunas, con sentido solo para ellos. Palpaban sus carnes frescas de latidos; y luego, como asaltados por la duda de que lo sucedido fuera un sue\u00f1o, comenzaban a esconderse, solo para volver a buscarse en la certeza del hallazgo y sentir la agitaci\u00f3n previa a los descubrimientos. As\u00ed se fueron alejando, lanzando discursos a los \u00e1rboles; imitando las poses de las piedras, de los troncos, de las cosas; dejando las ropas al garete, olvidadas por alg\u00fan rinc\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se detuvieron a unos metros de la caseta del guajiro, entre el tractor y la cerca de p\u00faas, acallando de golpe sus risas para no ser sorprendidos por ojos imprudentes; el viejo, en su cocina de carb\u00f3n, hac\u00eda la colada de caf\u00e9 al modo antiguo, a manga. Como tonificados por el aroma que les llegaba de lejos sus rostros adquirieron nuevos br\u00edos; parec\u00edan ni\u00f1os a punto de urdir alguna travesura; quiz\u00e1s, el hecho de saber a un tercero cerca de sus desnudeces los hac\u00eda presa de una excitaci\u00f3n sublime.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Apostantes, como inyectados de riesgo, ella asumi\u00f3 el desaf\u00edo de mover la m\u00e1quina de rascar la tierra. Trep\u00f3 por las grandes ruedas, \u00e1gil y segura; no tanto porque supiera lo que hac\u00eda, sino por demostrar su suficiencia. Con el pulso firme gir\u00f3 la llave, y bram\u00f3 un rugido ahogado de motor, seguido de un brusco movimiento que la devolvi\u00f3 hacia atr\u00e1s; all\u00ed, donde estaba \u00e9l, con los brazos abiertos, delante de la cerca que hincaba sus p\u00faas en el tronco de alm\u00e1cigo. Entonces volvi\u00f3 el rostro sonriente, como excus\u00e1ndose. \u00c9l tambi\u00e9n le devolvi\u00f3 una sonrisa, breve. Por un instante, no comprendi\u00f3 la mirada de ella, aquella mirada silenciada de un brillo diferente: con mucho ayer, falta de hoy y nada de futuro; como si, de repente, los ojos se le hubiesen vuelto peque\u00f1os y secos, desprovistos de lugar para cargar la inmensidad. Temblorosa, lo vio cerrarse sobre s\u00ed mismo, estallando en silencio. Baj\u00f3 del tractor tropez\u00e1ndose con su propia prisa, majando sus visiones con torrentes de l\u00e1grimas, aterrizando en la tierra sobre sus rodillas, hurgando, besando, zarandeando entre gritos enmudecidos el cuerpo del hombre para arrancarle un latido. Luego qued\u00f3 all\u00ed, inm\u00f3vil, llena de \u00e9l entre sus piernas, cuando el sol abandonaba los surcos. \u2666<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Martha Jacqueline Iglesias Herrera<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Pintura: Jorge Arche, Primavera o Descanso<\/em><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Relato 5to. Finalista VI Certamen Internacional de&nbsp; Relato Breve \u201cLa Lectora Impaciente\u201d, (Gand\u00eda, Espa\u00f1a) 2009 Hab\u00edan llegado cuando el sol, echado sobre los largos surcos, hac\u00eda arder la tierra. Corr\u00edan como locos, persigui\u00e9ndose, estallando en sonoras carcajadas; parec\u00edan bisagras reci\u00e9n engrasadas cerr\u00e1ndose sobre s\u00ed mismos, como si la risa hiciera saltar alg\u00fan resorte oculto que<\/p>\n<div class=\"more-link-wrap text-center\"><a href=\"https:\/\/letraweb.org\/en\/campesinos-2\/\" class=\"more-link btn btn-outline-secondary\">Continuar leyendo<\/a><\/div>","protected":false},"author":2,"featured_media":2483,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_seopress_robots_primary_cat":"","_seopress_titles_title":"","_seopress_titles_desc":"","_seopress_robots_index":"","iawp_total_views":17,"footnotes":""},"categories":[52],"tags":[610,511,483],"class_list":["post-2482","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-narrativa-martha-jacqueline","tag-campesinos","tag-letraweb","tag-martha-jacqueline-iglesias-herrera"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/letraweb.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2482","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/letraweb.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/letraweb.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letraweb.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letraweb.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2482"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/letraweb.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2482\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2484,"href":"https:\/\/letraweb.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2482\/revisions\/2484"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letraweb.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2483"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/letraweb.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2482"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/letraweb.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2482"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/letraweb.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2482"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}